21 feb 2026
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El placer de leer, siempre (vigésimo novena entrega) (mención a entrerriana)

El placer de leer, siempre (vigésimo novena entrega) (mención a entrerriana)

Ilse Fuskova (Buenos Aires, Argentina, 11 de junio de 1929)es una feminista, activista, periodista y fotógrafa. Estuvo casada y tiene treshijos.

En 1978 conoció a María Elena Oddone, fundadora delMovimiento de Liberación Femenina. En 1984 se separó y en 1985 empezó a militaren el feminismo y luego en el movimiento lésbico-feminista. Coeditora deCuadernos de Existencia Lesbiana junto a Adriana Carrasco, cuyo primer númeroapareció en 1987. Primera mujer que se atrevió a declararse públicamentelesbiana en uno de los almuerzos televisivos de Mirtha Legrand en 1991. Participóactivamente en la organización de la Primera Marcha del Orgullo Lésbico-Gay, en1992.

Homenajeada en el Primer Encuentro Nacional de MujeresLesbianas y Bisexuales de Rosario de 2008; declarada Ciudadana ilustre de laCiudad de Buenos Aires por la Legislatura porteña en 2015, es la primeraactivista lesbiana oficialmente reconocida en el campo de los derechos humanos.Hoy, cumplidos los 90 años de edad, es una entusiasta defensora del ecologismodentro del grupo Conciencia Solidaria.

Ante la muerte de Claudina Marek (1947-2016), coautora dellibro publicado en 1994 y reeditado en 2013 por la editorial Planeta en BuenosAires, en diálogo con Silvia Schmid, “Amor de mujeres. El lesbianismo en laArgentina, hoy”, -en el que se atrevieron a enfrentar la marginación y laintolerancia de un sector importante de la sociedad al contar sin tapujos suspropias experiencias de vida-, así la recuerda Ilse Fuskova, su gran amor pormás de veinte años y amiga para siempre:

Claudina pasó los últimos años de su vida en su pueblonatal, Diamante, en Entre Ríos.Todas las semanas hablábamos por teléfono, muchas veces más de una hora. Eraincreíble que después de tantas décadas tuviéramos tanto que decirnos, pero asíera. En parte era por la energía que tuvo toda la vida, que le permitíatrabajar de sol a sol como maestra en Entre Ríos para juntar lo suficiente paramantener a sus hijos adoptivos, luego, sus jornadas maratónicas en BuenosAires, estudiar joyería, la carrera de grabado en la Escuela PrilidianoPueyrredón.

Fortunata García y lacabeza de Marco Avellaneda

Claudina era, y viviendo juntas lo pude corroborar, untorbellino vital. Estuvimos veintidós años juntas, con las altas y bajaspropias de las parejas de larga data. Hoy puedo decir que ha sido mi gran amor.Ella se crio en un pueblito y era maravilloso porque hasta que nos conocimos notenía idea del término “lesbiana”, pero al mismo tiempo había sido una lesbianasegurísima desde muy pequeña, enamorada de maestras y compañeritas de colegio.Nuestra vida juntas estuvo llena de sorprendentes casualidades. Para empezar,el día en el que yo salí en lo de la Legrand -es historia conocida la delmensaje lésbico que transmití desde su mesa televisada- Claudina estaba en sucasa porque se había enfermado y por eso estaba mirando la tele.

Hubiera sido imposible que me viera cualquier otro día,porque trabajaba sin parar. Ella me contaba que ahí fue: verme en la pantalla,flechazo y revelación. Empezó a escribirme y llamarme por teléfono. Yo estabaalgo miedosa, sorprendida, separada después de haber estado treinta años casadacon un hombre, y esta jovencita -porque en ese momento Claudina andaba por lostreinta y yo por los cincuenta- me descolocaba un poco. Me contaba cosastremendas desde Diamante, como que al “enterarse” la habían sacado de su rol demaestra y la habían puesto como bibliotecaria. Pero pronto eso fue un problemaporque a la biblioteca también van los niños y en esa época se creía quenosotras éramos realmente peligrosísimas para ellos.

El placer de leer,siempre

A los cuatro meses se vino a vivir conmigo y comenzó un amormuy entrelazado con la militancia. Nos acercamos juntas a ATEM (Asociación deTrabajo y Estudio de la Mujer), nos reuníamos horas y horas para leer materialteórico sobre lesbianismo. La recuerdo incansable, durmiendo conmigo apenasalgunas horas para levantarse casi de madrugada para irse a trabajar comodocente al Conurbano. Yo por esa época había descubierto que si administraba loque tenía y me ajustaba un poco el cinturón, podía vivir sin trabajar, que a míme parecía maravilloso en ese momento. Comenzaron también nuestras vacacionesen el Chuy (Uruguay), a donde íbamos con otras amigas lesbianas y con nuestrasgatas. Fundamos Convocatoria Lesbiana, desde donde contribuimos a impulsar laPrimera Marcha del Orgullo.

En la primera marcha Claudina tuvo que ponerse una máscara,yo no, porque, claro, yo no trabajaba. Era todo muy osado para la época, o asílo veíamos: marchar y cantar frente a la Catedral, frente a los ministerios,disfrazarnos de milicas y besarnos en plena calle.

Maneras de leer

En 1994 publicamos juntas “Amor de mujeres. El lesbianismoen la Argentina, hoy”. Surgió después de vivir algunos años juntas. Habíacontraste entre nosotras. Yo venía de una familia de clase media intelectual.Me interesaba por las mujeres, pero en un sentido más etéreo. Me interesaba loque escribían, lo que pensaban. Pero el sexo y la piel de las mujeres no habíanformado parte de mi mundo hasta que fui bastante grande. Y Claudina que veníade un pueblito rural, que nunca había escuchado la palabra lesbiana, lo teníatodo muy claro desde los cinco años.

Entonces pensamos: tenemos que hacer un libro con estas doshistorias tan contrastantes. Pensamos en fotocopiarlo y repartirlo de mano enmano. Pero al poco tiempo lo aceptó la editorial Planeta.

Los libros del año

Ahora, después de despedirla, releo en “Amor de mujeres” lahistoria de Claudina. Revivo su amorosidad. Los recuerdos incalculables despuésde tanta vida juntas. Y sé que Claudina no va a salir de mí hasta el últimominuto de mi vida. Ambas compartimos creencias sobre el alma. Y en esasextensas charlas telefónicas de los últimos años hemos fantaseado con laposibilidad de que en algún momento nuestras almas puedan tal vez encontrarseen algún otro lugar del cosmos. Estoy segura de que todo esto no se termina enel cuerpo. Así que, hasta pronto, amor.

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