22 feb 2026
CLARíN

Efecto marihuana, Juan Grabois vs. Máximo Kirchner y presión opositora a Alberto Fernández (mención a Entre Ríos)

Efecto marihuana, Juan Grabois vs. Máximo Kirchner y presión opositora a Alberto Fernández (mención a Entre Ríos)

Alberto Fernández ha incurrido en el traspié más grave quepueda afectar al oficialismo en la campaña. No es el minué cumpleañero deOlivos sino haber anunciado, a pocos días de las PASO, que estudia un proyectode despenalización del uso de la marihuana. Ese aviso, dirigido a complacer alelectorado de la burguesía urbana que ya lo repudia -electoralmente- es unataque al sector de la Iglesia que más apoya al Gobierno.

El anuncio motivó una reacción del Episcopado, a través delemblemático Cura Pepe -encargado de la pastoral que atiende el drama de lasadicciones-. También, un dardo del referente más importante del Papa Franciscopor estas tierras, el jefe de la CTEP Juan Grabois.

La trama de la foto de Olivos es una herida leve pero que nole hace perder un solo voto al oficialismo.Sólo le agrega desprestigio en el electorado de la burguesía urbana que lorechaza en las encuestas y que le votó en contra en 2019 en cinco de los sietedistritos con mayor cantidad de votos (Córdoba, Santa Fe, CABA, Mendoza, Entre Ríos, donde ganó la formulaMacri-Pichetto).

Esa trama de Olivos es una metida de pata que revela ladoble moral del Presidente, del Gobierno, de los políticos y del género humano.Toda moral es doble, incluso ésta, dirá un escéptico. El maestro FelipeGonzález ha dictaminado que lo importante no es meter la pata, sino podersacarla rápido.

Las leccionesolvidadas: Aníbal 2015

Aventurarse en la despenalización de drogas figura entre lashipótesis explicativas de la derrota de Aníbal Fernández en las elecciones agobernador de Buenos Aires en 2015, que arrastró al peronismo al final de suciclo abierto en 2001, con cuatro mandatos presidenciales al hilo.

La Iglesia tiene al juego y a la droga como enemigosprincipales y vigila con severidad las políticas de los gobiernos hacia esasactividades. El drama de las adicciones en los jóvenes, el efecto en la tasa demortalidad y suicidio por las drogas, y las consecuencias del juego en los máspobres están en el tope de sus inquietudes.

Esta percepción movió al gobierno de Cambiemos a desactivarel compromiso del Estado con el juego, que tuvo hasta 2015. Desmantelóacuerdos, cerró salas de juego, anuló privilegios a una generación deempresarios en todo el país. El agente de estos emprendimientos fue el abogadoFabián Rodríguez Simón, hoy refugiado en el Uruguay.

Estas hipótesis sobre la derrota de 2015 se basan endiálogos del obispo de Buenos Aires con dirigentes del peronismo paraseñalarles su desagrado por las actitudes de Aníbal. El hombre más cercano aBergoglio en la Argentina, entonces rector de la UCA y hoy arzobispo de LaPlata, Víctor Fernández, invitó a Daniel Scioli a visitar su despacho en lasede de Puerto Madero.

“Tucho” le diría: “Este es AníbalFernández”, y le mostró una carpeta vaya a saber con qué contenido. Antela respuesta del candidato de que ninguna acusación era cierta,”Tucho” le respondería: “Tenía que decírselo, pero sepan que novamos a ser indiferentes”. Scioli contó luego que fue a informarle a Aníbal.Nadie ha probado la leyenda de cadenas de oración o misas en sacristíaanti-Aníbal, pero tampoco se la ha desmentido. La patraña de la morsa funcionó,sin prueba alguna, en aquella elección.

Izquierdismo nobinario

¿Era necesario este anuncio, que ya el gobierno de Cristinahabía dejado en suspenso? Buscó seguramente halagar al electorado urbano endonde menos prestigio tiene. “En estos temas me considero una persona muyliberal y cada uno tiene derecho a hacer con su vida lo que quiera”,alardeó Alberto.

Creerá que reprimir la marihuana es de derechas y que éldebe diferenciarse desde su geometría no euclidiana -de izquierda no es-.Desconoció el compromiso que tiene la iglesia bergoglista con su propiogobierno. El símbolo es la ley de impuestos a los recontra ricos, que destinaun 25{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} de lo recaudado a cumplir el Plan de Villas, que aprobó el Congreso porotro acuerdo entre la Iglesia, esta vez con el gobierno de Cambiemos.

Aquel proyecto fue presentado por Mario Negri, Elisa Carrióy Nicolás Massot y tuvo una mayoría abrumadora de las dos cámaras, que actuaronalentadas por el respaldo que le dio el papa Francisco a aquellos acuerdos, queconversaban Juan Grabois con “Pepín”, Mario Quintana y CarolinaStanley, que ahora enojan a Máximo Kirchner.

Grabois: que legalicea los vendedores ambulantes

Grabois lo sigue al Cura Pepe en rechazo de esadespenalización, que dinamita puentes ya frágiles entre el oficialismo y lasorganizaciones sociales del tridente cayetano. “¿Por qué no se planteanlegalizar la venta ambulante?”, me dice Grabois, sin dejar de reivindicarsu compromiso con el Gobierno. Hiriente, dispara: “‘La dieta probada delolvido: PlayStation, TV y marihuana’ dice Mark Fisher en su libro RealismoCapitalista… Cambiá TV por Netflix y estamos”, cierra.

Prudente, Grabois encuadra estas disidencias en debates quecree útiles, como el que libra con Maxi Kirchner y otros voceros oficiales quelo fustigan: “Hay un debate filosófico muy interesante, aunque a vecesadopte la forma de rencillas personales; hay quienes desprecian la comunidadorganizada y los movimientos populares, y hay quienes pensamos que es el únicocamino certero al cambio estructural.”

El liberalismo especado

Herir a este sector de la Iglesia es tomar distancia de unademografía social que se referencia de manera transversal con el PapaFrancisco, y que el Gobierno ya rozó con el proyecto de despenalización delaborto. La sanción del Congreso irritó a la Iglesia y al Papa, que redobló suenojo cuando se enteró de que el Presidente repite que él habla mucho con él yque le atribuye haber dicho “demos vuelta la página”.

El Vaticano no da vueltas de página, las archiva y noolvida, aunque perdone. En tiempos de campaña es más útil la mordaza que elbarbijo. Olivos puede ser inocuo electoralmente, pero queda por probar elefecto de una reacción de esa demografía francisquista, fuerte en todos losdistritos, si se recrean aquellas legendarias cadenas de oración. Pueden o nodañar, pero ayudar no ayudan.

El mensaje de “liberalismo” personal encanta alelectorado urbano, pero allí Juntos por el Cambio ya tiene asegurado eltriunfo, como en la CABA. Alberto, que es un librepensador, no recordó que parala Iglesia de Roma “el liberalismo es pecado”. Fue tema de MirariVos, encíclica de Gregorio XVI en 1832. Es también el título de un libro que hasido la base formativa de religiosos y jesuitas desde finales del siglo XIX. Loescribió Félix Sardá y Salvany en 1884 y se reedita desde entonces. Es una delas biblias del integrismo y provoca las furias de los economistas ortodoxos detodo el mundo.

Arrinconados por laoposición

El pedido de juicio político de los opositores Mario Negri yCristian Ritondo animó la campaña por unos votos que ya están distribuidos deantemano. Es una jugada florida -como llamaban los aztecas a sus guerrassimbólicas para juntar víctimas propiciatorias de sus sacrificios humanos- quearrincona al oficialismo como lo hizo en su momento el proyecto de Ley Pfizer,que arrastró a Alberto a firmar un DNU.

En aquel momento era para permitir la vacunación de los100.000 menores que necesitaban inmunización. La oposición arrastró alperonismo a sesionar, y al oficialismo sólo le quedó el expediente de que elPresidente firmara la cláusula de negligencia en un decreto. Prefirió quehubiera, para reproches futuros, un Decreto Pfizer firmado por Alberto, que unaLey Pfizer avalada por Massa y Cristina. Así de canalla es la política.

Victimizaciones a lacarta

En este round, Olivos hace trascender que en el entornopresidencial la foto del cumpleaños obedece a una trama personal defuncionarios, que ha herido a Alberto bajo la línea de flotación. Filtran desdeallí que pudo haber un episodio tipo 125, con amenaza de portazo. En aquelmomento quedó probado por testimonios del hoy presidente. Ahora eso esimprobable, y puede responder a una táctica de victimización que divide a laoposición.

Hay dirigentes que sostienen que un juicio político puedehacer caer al Presidente y que vendría Cristina. Negri, gerente de este pedidode juicio, responde con ironía: “¿Acaso ahora vamos a tener quepreguntarle a Alberto hasta dónde lo podemos criticar con tal de que no se vayadel cargo?”.

Victimizarse es una táctica usual en política. La puedeaprovechar hasta un Macri si le siguen el empapelamiento por la mudanza enteAcassuso y Los Abrojos en plena cuarentena. Su entorno dice que tiene los mailsen orden. Pero no niegan que le vendría fantástico que lo convirtieran en un perseguidopolítico, mientras el propio Presidente ha confesado haber cometido un delitopor el cual hay más de 14 mil argentinos expedientados ante la Justicia…

Otros atajos delperdón

Le quedan a Alberto otros atajos del perdón. Uno es,admitido el delito, autodenunciarse y pagar una multa. Es lo que hizo SebastiánPiñera cuando lo fotografiaron sin barbijo en la playa de Cachagua en diciembrepasado. Pagó una multa de USD 3.000 (tres mil dólares), menos de lo que leestán reclamando a la cocinera Maru, que es Botana. Otro es dictar un decretode amnistía contra todos los encausados, con el argumento de la mejor economíaprocesal (se usa cada cuatro años para disculpar a quienes no cumplen con elsufragio obligatorio).

Sería un expediente liberal en serio, porque desnuda elfondo del problema, que es cómo los gobiernos deben afrontar normas como lassanitarias o las de la protesta social. El peronismo es un partido autoritarioy castrense, creado por un militar desde un gobierno de facto. Lo peor que lepudo ocurrir es esta emergencia de la peste, porque reaccionó igual que lasadministraciones autoritarias de todo el mundo, como China, Polonia, Rusia. Porla dura.

El error de reprimir

El “enforcement” de las medidas sanitarias nunca debe pasara lo penal. Deben ser sugerencias. El público las cumple si puede y quiere,porque se sugieren en su beneficio. En donde hubo mano dura, hubo violencia,como en Estados Unidos, que se quebró con la muerte de George Floyd (mayo de2020, Minneapolis). Esa fractura hizo estallar una paz ya resentida por lapeste, encadenó actos de violencia que no resultan forzados de relacionar conla caída final del gobierno de Donald Trump, que a comienzos del año pasadoparecía tener la reelección asegurada. Hoy está en la casa, esperando elpatrullero.

Un país como la Argentina, que arrastra el pasado atroz dela represión clandestina y los desaparecidos, no puede aplicar un enforcementcriminal a quienes no aceptan normas sanitarias. Criminalizar la peste es comocriminalizar la protesta, una torpeza que ya le costó el gobierno a EduardoDuhalde, víctima del crimen de Kosteki y Santillán, a quienes se les reprimióun corte de tránsito con escopetas. Falta de memoria, porque en los ’90, conCarlos Corach y Alberto Iribarne en el Ministerio del Interior, Norma Pla eracontenida en las puertas del Congreso por mujeres policía de la Federal, sinarmas. Debieron aprender.

Metáforasresbaladizas y las mancias neurológicas

Hay cosas, decía Angeloz, que no se aprenden después de ciertaedad. Una es a hacer política; la otra, ya sabés cuál. Entre los básicos deloficio figura casi como una ley: no te pelees con Carrió, a menos que quierasrevolcarte en el polvo. Otra: no te pelees con quien te da de comer, entreellos Larreta-Santilli. Tres: hacer política no es ir a los panzazos por loscanales de TV hablando de todo, y menos prometiendo que vas a reformar la agendapolítica de la Argentina.

Hacer política no es pelearse ni ganar enemigos; es saber aquién representás -no tanto qué representás- y tener capacidad de acuerdo. Ensuma, vender futuro, no humo, que ya hay bastante. De paso, no conviene que uncandidato del radicalismo como Manes exponga su prestigio profesional y hablede “la sociedad enferma”, a la que viene a curar.

Francisco Delich, una leyenda del alfonsinismo, dio portierra con esas fantasías retóricas en el recordado artículo “La metáfora de lasociedad enferma” [1983], lectura obligada de los años de la transición.Atribuye el uso de las metáforas sobre “la enfermedad” al autoritarismo quepropone cirujanos de hierro, operar sin anestesia y cortes por lo sano.

¿Es la peste una guerra? Delich remata su estudio así: “Laguerra no pone en evidencia una sociedad enferma, sino un Estado carente dedirección histórica, errático, en las manos privadas de un príncipe enajenado”.Menos mal que Manes es neurólogo no intrusivo. “Yo conozco la mente humana y lopuedo controlar”.

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