22 feb 2026
CLARíN

Alberto y Cristina, el problema principal (el gobierno y el conflicto Etchevehere)

Alberto y Cristina, el problema principal (el gobierno y el conflicto Etchevehere)

La proclama de Cristina Fernández sirvió para blanquear tressecretos a voces que recorren la política argentina. Primero, el conflictopolítico objetivo instalado entre el Presidente y la vicepresidenta a diezmeses de iniciada la gestión. Segundo, que no existe alquimia capaz de superarla lógica y el ordenamiento natural que, antes o después, impone cualquiersistema de poder. Tercero, que la Argentina asiste de nuevo a la comprobaciónque un mecanismo ideado para ganar una elección, luego no resulta eficaz paragobernar. Le sucede al Frente de Todos. Le ocurrió a Cambiemos en el turnoanterior.

La reiteración de aquellos inconvenientes no debesorprender. Está en la génesis de la historia del país. El peronismo dio, apropósito, una trágica lección en la década de los 70. La Alianza la repitiócon la relación disruptiva entre Fernando de la Rúa y Carlos Alvarez. Derivó enla caída del gobierno y la gran crisis del 2001. El kirchnerismo atesora supropio antecedente traumático cuando Cristina, en 2007, compartió el binomiocon el radical Julio Cobos. En una transversalidad de poca monta. Así y todo,la derrota en el conflicto con el campo, sellada por el voto en el Senado deldirigente mendocino, llevó al matrimonio Kirchner al umbral de la renuncia. Laintervención del entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, evitó otroquiebre.

Quizá lo menos trascendente de la proclama de Cristina hayasido la advertencia de que hay funcionarios que no funcionan. El Presidente losabe pero choca con tres limitaciones. No posee garantía de que cualquiervacante que genere no pretenda ser ocupada por el cristinismo. Tampoco podríadesplazar a ciertos funcionarios que no satisfacen pero llegaron de la mano dela vicepresidenta. Juan Cabandié, el ministro de Medio Ambiente, y LuisBasterra, de Agricultura, no serían casos únicos. Tiene en carpeta parafortalecer el Gabinete algunos nombres que no superan el veto de Cristina.Martín Redrado, el ex titular del Banco Central, es uno de ellos.

La señal política más inquietante de Cristina en la proclamafue su afán por deslindar responsabilidades sobre lo ocurrido en el Gobiernohasta ahora. Se esmeró por enumerar las potestades y la autonomía de Alberto.El inconsciente pudo haberla inducido a exageraciones. Pero ella misma reconoceque la psicología nunca ha sido su fuerte. Un dirigente opositor ensayó unasíntesis con cinco palabras: “No soy yo. Es él”, habría sido la intención detransmitir a la sociedad su visión acerca de la crisis y el desnorte delGobierno.

Tampoco la vicepresidenta se privó de recordar, pese alesfuerzo que dijo haber hecho para construir el Frente de Todos, que hayheridas que continúan abiertas. Sus menciones a Vilma Ibarra, la secretariaLegal y Técnica, y a Sergio Massa, el titular de la Cámara de Diputados, nofueron casuales. Ambos supieron criticarla con vehemencia en el pasado. Sonpiezas estratégicas para Alberto. Ibarra ha crecido mucho en el papel delGobierno. Con intervenciones de carácter en reuniones de ministros. ElPresidente se fue caminando ladeado en primera línea con ellos hasta el CCKpara rendirle tributo a Néstor Kirchner. Donde no estuvieron ni Cristina niMáximo. El gesto presidencial no pudo no interpretarse como una réplicasimbólica a la vicepresidenta.

La prescindencia del diputado, hijo del ex presidente, debióser leída en un marco general. Curiosamente tampoco estuvo de manera presencialen el debate por la ley de Presupuesto. Un proyecto crucial, según el entenderde Alberto y su ministro de Economía, Martín Guzmán. Ni siquiera quiso hacer ladefensa de la norma aprobada en el cierre de la sesión como jefe del bloqueoficialista. Fue perceptible en el recinto la desorientación que esa conductaprovocó en Massa.

El círculo áulico de Máximo ofreció explicaciones sobre susúltimos gestos que conformaron a medias. Las ausencias en el homenaje al padrey durante la ley de Presupuesto habrían obedecido a ocupaciones en BuenosAires. Su territorio político y el de su madre. Es cierto que estuvo en Lomasde Zamora para recordar al ex presidente. Pero en un horario que no le hubieraimpedido compartir con Alberto el homenaje en el CCK. También fue verdad que enla madrugada del jueves, mientras se debatía el Presupuesto, Axel Kicillofenfrentaba en Guernica el operativo de desalojo que encabezó Sergio Berni.

Cristina y Máximo están inquietos por lo que sucede con elgobernador. Sus déficits de política y de gestión parecen insolubles. La imagensigue cayendo entre los bonaerenses. Se suceden episodios que trasuntandescontrol. Pasa con la inseguridad. Con el narcotráfico en los asentamientosdensos del Conurbano. Figura además la acción de organizaciones sociales,afines al Frente de Todos, que en los últimos días ensayaron ocupaciones entres intendencias administradas por la oposición: La Plata, Junín y Olavarría.

El gobernador tuvo una ocurrencia para evitar nuevas tomasque augura pleitos y desató desencanto general. El pago de un subsidio de $ 50mil durante seis meses. En parte, con fondos podados a Horacio RodríguezLarreta en la Ciudad. La propuesta encendió internas. El Movimiento Evita nobanca más a la CTEP de Juan Grabois. La CGT siente que las organizacionessociales, con la extorsión, obtienen mayores beneficios que la central obrera,sujeta al diálogo formal.

Kicillof acumula otros problemas. Con intendentes propios, araíz de la inseguridad y los intentos de usurpaciones frente a los cualessienten mucha desprotección. Con los alcaldes de la oposición por decisionesserias y discriminatorias: reciben menos fondos, o directamente no reciben,para la lucha contra el Covid en sus distritos.

El posible fracaso del dispositivo en Buenos Aires colocaríaen jaque todo el proyecto de Cristina. Incluso, tal vez, la ambición de ver aAlberto como un mandatario de transición. Puente para el aterrizaje de uncristinista puro en el poder en 2023. Aquella proclama de la vicepresidentaapunta a debilitar al discípulo. A condicionarlo. Pero no más. Un derrumbeterminaría por arrastrar a todo y a todos.

Cambiemos tampoco fue indiferente a la irrupción deCristina. Al menos, en dos planos. Elisa Carrió se preocupó por la soledad y elaislamiento con que la vicepresidenta pretende condenar a Alberto. Sospecha deun golpe blando. Radicales y macristas prefirieron eludir el entuerto ydescifrar otra cosa. La propuesta de un supuesto gran acuerdo para hacer frentea la emergencia económico-social. En especial, el dilema del sistemabimonetario.

Carrió, igual que muchos sindicalistas y gobernadores delPJ, cree que es momento para ir en socorro del Presidente. En esa ruta lanzóuna propuesta que alteró a Cambiemos. Dar respaldo en el Senado para laaprobación del juez Daniel Rafecas como procurador general. El viejo candidatode Alberto por quien la vicepresidenta no movió un dedo. Ni siquiera convocó alas audiencias públicas, el paso bautismal.

El kirchnerismo, a través del senador Oscar Parrilli,promueve la modificación de la ley del Ministerio Público para la elección desu titular. Busca que sea consagrado por mayoría simple. Sin los dos terciosque fortalecen la postura de Cambiemos. Cristina tiene candidatos que leagradan mucho más que Rafecas. Una es Graciana Peñafort, la secretariaadministrativa del Senado. Por esa razón Carrió se empeña en apuntalar al juez.

Cambiemos había asegurado que cualquier decisión sobre elprocurador sería adoptada por unanimidad. No existe un criterio formado acercade cómo proceder. Sobrevolaba la idea de oponerse. Pero la propuesta de Carrióabrió otro juego. Hay radicales que se avienen a analizarla siempre y cuandovaya acompañada por una negociación sobre una nueva ley del Ministerio Público.En el macrismo dominan preguntas: ¿es posible prestarse al acuerdo por laextorsión kirchnerista? ¿No se estaría repitiendo la historia que sucedió conAlejandra Gils Carbó? ¿No sería un desaire para quienes demandan una mejorcalidad institucional?

Las mismas dudas invaden la posibilidad de un acuerdo por lacrisis. Una charla temprana entre Mauricio Macri y Miguel Angel Pichettopareció dar resultados. Nadie salió a descalificar la hipotética convocatoria.Pero el ingeniero estableció requisitos con seguridad inaceptables para elkirchnerismo. ¿Sería fiable la propuesta de Cristina que sistemáticamenteboicoteó las insinuaciones acuerdistas de Alberto con empresarios ysindicalistas?

Tampoco Alberto derrocha confianza. Nunca respondió a lasdos propuestas que le hizo Cambiemos. Sus posiciones, en todos los órdenes, sonde un zigzagueo permanente. Que haya vuelto a hablar con empresarios significapoco. También, para los propios hombres de negocios.

El Presidente estuvo dos semanas ausente mientras Grabois yfuncionarios de su gobierno intrusaron en Entre Ríos una propiedad de lafamilia de Luis Etchevehere, ex titular de la Sociedad Rural. En un momentodijo que se trataba de un asunto entre ricos. Como si los pleitos por herenciasfamiliares, como aquél, tuvieran connotación clasista. Luego sostuvo que laidea del líder social de repartir tierras (y sembrar plantines) no seríadescabellada. El Presidente no puede soltarle la mano a nadie.

El Gobierno vivió con alivio la solución de las tomas deGuernica y Entre Ríos. Los conflictos reflejan penosamente dos cosas. La matrizde pensamiento que impera en sectores influyentes del kirchnerismo. También, lacalidad de los problemas y debates que ocupan a la Argentina en la segundadécada del siglo XXI.

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