Jorge Ríos (70) rompe en llanto cinco veces en sesentaminutos. Dice estar “desterrado” de su barrio. Ya no volverá a viviren esa casa de la calle Ayolas al 2700, en Quilmes Oeste, donde en la madrugadadel 17 de julio fue víctima de tres robos y terminó matando a balazos a uno delos cinco ladrones de la villa La Vera, ubicada a tres cuadras. Con sus hijosGabriela (40), Cecilia (38) y Federico (35), a los que define “como deoro”, ya acordó ponerla en venta.
El herrero jubilado, abuelo de cinco nietos, recibe a Clarínde piyama, con medias y zapatos negros. Todavía asoman en su cuerpo los rastrosexternos de la pelea con Franco “Piolo” Moreyra (26) y de las esposasque le puso la Policía sobre las heridas. Porque los internos también afloran:no sólo por su deficiente salud (sufre de EPOC y le funciona un solo riñón,entre otras cosas), sino también el aspecto psicológico.
Esta semana tuvo un pico de hipertensión (22/19).”Pensé que me moría”, dice. Le hicieron una tomografía computada, quereveló un desgarro en la zona intercostal. Por eso lleva un pañuelo (negro, concalaveras blancas) en el brazo derecho, el cual deberá mantener inmovilizadodurante al menos un mes. “No puedo levantar ni un fósforo”, cuenta.
Por una cuestión de seguridad, sus abogados Marino CidAparicio y Fernando Soto le recomendaron mantener bajo reserva el lugar dondepasa sus días. En el hogar de Ayolas, adonde la familia vivió desde 1978, aúnpermanece una custodia de la Guardia de Infantería de la Policía Bonaerense.
Nacido el 12 de enero de 1950 en Gilbert, un pequeño pueblode Entre Ríos, Ríos se crió en Concepción del Uruguay y a los 20 años se vinopara el sur del Gran Buenos Aires. Su esposa, María Cristina Nievas, de Salta,era licenciada en Enfermería y murió en 2013, víctima de un cáncer de hígado.Jorge sufrió un infarto y se recuperó.
Las cenizas de su mujer lo acompañan en una urna, sobre unarepisa, en su pequeño nuevo hogar. Comenta que en el forcejeo con Moreyra, enla cocina de su casa, fue uno de los pocos objetos que no voló al piso.Entonces vuelve a llorar.
-¿Pudo dormir de corrido después de lo que pasó?
-No, nunca.
-¿Le vuelven las imágenes de lo que pasó?
-Es inevitable.
-¿No se arrepiente de no haber llamado a la Policía tras elprimer robo?
-La verdad que sí. En parte me arrepiento, pero tenía talsusto encima que lo primero que hice fue llamar a mi hijo, porque uno lo quequiere tener es un familiar al lado en ese momento.
-¿Qué pasó en esa esquina, cuando el ladrón estaba tirado enla vereda? ¿Le disparó?
-Cuando llego a la esquina me dice: ‘Te la vamos a poner,pelado hijo de mil puta’. Yo estaba loco, en otro mundo, golpeado, tenía unaremera y me chorreaba sangre por todo el brazo. Me calenté mal y no me acuerdobien qué hice.
¿Desde cuándo tenía el arma?
-Yo había comprado este arma justamente por los problemas dela inseguridad, hacía un año y monedas.
-¿Tenía miedo por la inseguridad?
-Sí, es moneda corriente ahí. Vivís a tres cuadras de unavilla. Sin hablar mal porque ahí vive gente que trabaja también, pero si vivísa tres cuadras de una villa te van a pasar cosas.
-¿Considera que estuvo bien su reacción?
-No sé si la reacción fue buena o mala, pero a mí me salvó.¿Qué pasaba si yo no tenía un arma? El ladrón no se va y estoy hombre muerto.
-Su caso dividió a la opinión pública: muchos lodefendieron, pero también lo criticaron. Incluso el fiscal Ariel Rivas lo acusade homicidio.
-Sí, también hubo detractores, por supuesto.
-¿Qué les diría para convencerlos de que no actuó mal?
-Una cosa muy sencilla: que se pongan en mi lugar. Eso solo.Y a ver qué es lo que sucede cuando uno siente que su vida corre peligro.
-¿Le duele no poder estar viviendo más en su casa?
-Sí, esto es un destierro.
-¿Le gustaría volver allí o está de acuerdo con venderla?
-No solamente por mí, por ellos. Esa casa la vendemos y aotra cosa. No podés volver, menos cerca de un lugar así.
-¿Hubo nuevas amenazas de los allegados a Moreyra?
-Sí, hubo amenazas, pero mis hijos las manejaron bien.
-¿Volvió a la casa?
-El otro día Federico me llevó. Me quedé afuera conversandocon la Policía y pasaron dos en una moto. Cuando llegaron a la esquina, el deatrás se dio vuelta e hizo el ademán de dispararme. Si eso no es una amenaza…
-¿Recibió algún llamado o visita de alguien que losorprendió?
-Sí, ha venido gente a casa. Acá vino el doctor (Sergio)Berni (se vuelve a emocionar). Un pingazo. De la forma que me habló ese hombre,me levantó, estaba muy caído en ese momento. Me levantó el espíritu. Seráporque él también tiene sus enfrentamientos políticos, pero soy mayor que él ycreo que me habló como un padre.
-¿Cómo se sigue a los 70 años tras un hecho así?
-Hay que seguir porque la vida sigue. No nos tenemos quequedar. Los años vienen, y encima con estos regalitos que a uno le pasan. Yosoy un ser humano, me siento humano. A mí estos tipos me convirtieron en unanoche en un animal, porque yo también me comporté como ellos.
– ¿Le duele seguir imputado por homicidio?
-No, ya está. Esto de llorar sobre leche derramada, no. Perohay gente que siendo profesionales sueltan presos de las cárceles, andan dandovueltas. En el hecho de mi casa había dos de los 4.000 que soltaron por elCovid. Y son profesionales. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Más cárceles? Y hagan máscárceles, viejo.
-Si tuviera frente a frente a la familia del ladrón quemurió, ¿qué le diría?
-Nada. Tengo un concepto de lo que es la gente pobre, y quees buena gente. Yo a veces no tenía para comer cuando estaba en Entre Ríos y sécómo me comportaba. Agarraba la cañita y me iba a pescar. No agarraba uncuchillo o un arma y salía a robar.
-¿Le envió condolencias a la familia del asaltante?
-Cuando me enteré que había fallecido este muchacho no sabíacómo enviarle las condolencias a su familia, porque uno no nace para matar, nipara que lo maten de esa manera. Por eso yo me sentí muy mal. Nunca me voy avanagloriar de lo que pasó, pero si yo no tenía un arma, hoy estoy muerto.
-¿Qué cambió en su vida?
-Esto me sacó una parte de las cosas que yo hacía, una parteimportante de mi vida. Cosas que no voy a poder hacer más, como caminartranquilo, libremente. Si le queremos buscar palabras a todo esto, yo estoydesterrado del barrio. Un auto exilio tuve que hacer. ¿Y mi familia? ¿Estagente tendrá represalias? ¿Seguirán en la misma tónica? Hay que luchar para noterminar de arruinarnos, nada más.
-¿No va a salir más?
-No me puedo exponer. No puedo exponer a mi familia. Eso eslo que yo más siento, me duele terriblemente, porque sé que son cosas que nolas voy a poder volver a hacer. No quiero decir la mala palabra, pero mearruinaron la vida.
Comentarios
0 comentariosSé el primero en comentar esta nota.