21 feb 2026
CLARíN

Sospechan que grupos K rompieron silobolsas, quemaron campos y atacaron chacareros (hechos en Entre Ríos)

Sospechan que grupos K rompieron silobolsas, quemaron campos y atacaron chacareros (hechos en Entre Ríos)

Hace más de un siglo que en el campo de los De Raedemaeker,en Oliva, Córdoba, si se pedía por agua, era mirando al cielo, por la sequía,la maldición natural de todo chacarero que rompe la simbiosis entre la lluvia yla tierra: el equilibrio mágico para mejorar la cosecha.

Así pasó hasta la semana del 25 de mayo. A las dos y mediade la tarde de un día que parecía ser igual a cualquiera, ya con la pandemiaacechando a las grandes urbes, los vecinos de los campos linderos llamaron aGabriel De Raedemaeker para avisarle que en su lote había fuego. Mucho fuego,Un incendio. El hombre llegó a las apuradas. Alguien había entrado por uncamino de tierra, no cercano a la ruta 9, y ya dentro del lote que compró subisabuelo, había encendido una mecha que a esa altura eran llamaradasesparcidas por el viento.

Se quemaron 5 hectáreas de trigo y 30 de maíz. DeRaedemaeker terminó de apagarlo todo, con ayuda de sus amigos que viven lo máscerca posible, y de los bomberos, pasadas las once de la noche. Dos eucaliptosgigantes se habían encendido por dentro y aun echaban chispas peligrosas.Estaba cansado, sucio de hollín, con dos hidrolavadoras, cuando se pudo sentaren relativa paz. En la casa estaba su familia. Las llamas no llegaron aasustarlos del todo.

De Raedemaeker es el vicepresidente de la ConfederaciónRurales Argentinas (CRA). Denunció o de inmediato que ese incendió que jamáspasó en más de cien años en los que sus ancestros y él mismo se ganan la vidacon la agricultura, fue intencional: “Lo hicieron a propósito. Se metierondentro de mi campo, prendieron el fuego. Fue un atentado. Lo tomé con ciertohumor, pero es grave. No solo por las pérdidas económicas. Fue un atentadocontra la propiedad privada. Como si a un taxista le rayaran el auto. Como sialguien te tajeara las ruedas de una camioneta”, se quejó ante Clarín eldirigente rural.

CRA emitió un comunicado en el que se resumía la seguidillade incidentes de severidad variable que ayudaron a ampliar el sentimiento quelos hombres y mujeres del agro expresaron con el banderazo de ayer. No fue solouna protesta por el caso de la posible expropiación de Vicentín. “Larotura de silobolsas, el abigeato, asesinatos de productores, e incendiosintencionales, desde CRA los venimos denunciando y cada vez con másfrecuencia… quizás algunos enajenados crean que con estos actos vandálicostaparán la realidad; sepan que tarde o temprano la verdad asomairrefrenable”, decía ese texto, algo premonitorio. Todo siguió durante lassemanas siguientes.

Todo eso que, denuncian desde CRA, la Sociedad RuralArgentina, Coninagro y la Federación Agraria creían haber olvidado durante losúltimos años. Ayer mismo, en la zona cercana a la localidad de Armstrong, SantaFe, otros silobolsas, donde los chacareros guardan su cosecha para esperar elmejor momento para venderla, a salvo de las inclemencias meteorológicas,aparecieron rotas. “Miren, feliz día de la bandera, esta es la democraciaque quieren los peronistas”, se enojó el dueño de esa producción mientrasfilmaba el atentado, dando también por seguro que sus atacantes pertenecen aalguno de los sectores políticos del oficialismo. Hechos similares, que legeneran pérdidas millonarias a quienes invirtieron dinero muy importante ensoja, maíz o trigo, asustaron a la Argentina agraria, de Córdoba a Entre Ríos,pasando por Santa Fe, y lo mismo en Buenos Aires, durante las últimas semanas.

Salvo los gobernadores Juan Schiaretti, Omar Perotti yGustavo Bordet, ninguna autoridad nacional hizo declaraciones de repudio alrespecto, en el sentido de anunciar que el Estado haría lo posible paraencontrar a los culpables de esos delitos. El ministro de Agricultura de laNación, Luis Basterra, sacó un comunicado oficial de repudio cuando el fuegoconsumió al campo de los De Raedemaeker.

El diputado bonaerense Luciano Bugallo, de la CoaliciónCívica, pidió que el cuerpo legislativo al que pertenece apoye un proyecto dedeclaración en el que declara “el enérgico repudio a diversos ataquessufridos contra la propiedad privada con actos de vandalismo en distintas zonasrurales del país”.

Un texto similar habían hecho circular de modo oficial, peroen la Cámara de Diputados de la Nación, los legisladores opositores LucilaLehman, Atilio Benedetti, Pablo Torello y Ricardo Buryaile.

La cronología de acontecimientos extraordinarios y violentoscontra ruralistas es apabullante.

El 31 de enero se prendió fuego la camioneta de un ruralistaque había protestado contra el Gobierno en la provincia de Chaco.

El 3 de marzo hubo roturas a los silobolsas de campos enEgusquiza, Santa Fe, y Capilla Fassi.

También en marzo: se robaron semillas en campos de SaltoGrande, también en Santa Fe; y se volvió a tajear de modo adrede a silobolsasen otra localidad de esa provincia llamada Cañada Rosquin. En Alcira Grandes,Córdoba, otro hombre del campo denunció un ataque similar a su cosecha quecreía guardada.

En abril, se rompieron silobolsas en Santa Teresa y variaslocalidades más del sur santafesino.

En mayo, más roturas de silobolsas asolaron a productoresdel agro en Francisco Madero, Buenos Aires.

En Jerónimo Sud, Santa Fe, no solo se rompieron mássilobolsas si no que también se robaron cereales de campos de la zona.

En los alrededores de la ciudad de Las Parejas, en Santa Fe,hubo robos diversos pero raros a productores del lugar.

Todos se conocen. Todos saben lo que pasa en caminos dondees de intrépidos meterse para cometer alguna tropelía.

En Pehuajó, Buenos Aires, el pueblo de la TortuguitaManuelita, de María Elena Walsh (a la entrada de la localidad un monumentorecuerda esa canción inmortal), también hubo grupos de sagaces que arruinaroncosechas guardadas en silobolsas que terminaron estalladas en medio de loscampos.

La rotura de un silobolsa no se produce solamente con untajo hecho con un cuchillo. Aunque no se debe contar con una gran tecnologíapara lograr ese objetivo vil, sí hace falta tajear esa gran bolsa que explotade granos para arruinarla y por ende también a lo que guarda.

Una vez fuera del silobolsa, los granos deben volver ajuntarse y les queda una única salida económica: liquidarlos al precio que sea.

Gracias al legislador Bugallo, a De Raedemaeker, y a otrosdirigentes de la Sociedad Rural, Clarín logró enumerar parte de hechos igualesque aparecen salteados pero unánimente similares en el corazón de la pampaagraria nacional. No alcanzarían dos páginas de este diario para enumerarlos enapenas una línea.

Entre el martes y el miércoles pasado, en un campo de lalocalidad de Arteaga, a 15 kilómetros del límite de esa localidad con Beravedú,delincuentes desconocidos robaron 400 quintales de soja que estaban guardadosen silobolsas. Esta vez no los rompieron. Entraron al galpón del dueño de esacosecha, le robaron un tractor y el “chimango”, la máquina pararecuperar el cereal guardado, y se especula con que se lo llevaron otro tractoscon dos acoplados, informó el portal www.ahoracasilda.com.ar.

Hechos de esas características -más quemas de alfalfa ocarneadas de vacas, por ejemplo- se sucedieron en estas localidades de lasprovincias de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires: San Jerónimo, CruzAlta, Pujato, Oliva, Tandil, San Andrés de Giles, General Belgrano, Baradero,Hilario Ascasubi, Chacabuco, Pergamino, y más aún.

¿Por qué los ruralistas sospechan de ser el objetivo delkirchnerismo anti-campo?

Además del silencio del Gobierno Nacional al respecto, salvola excepción del ministro Basterra, quizás por declaraciones como las que hizola titular de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini en enero del 2019,por lo que fue denunciado por diputadas como Marcela Campagnolli por”incitación a la violencia”. Dijo Bonafini en aquel tiempo: “Sitenemos coraje, hay que acompañar a la gente, quemarles los campos. Cuandoestén por sacar la soja, se los quemen, que no puedan recoger nada, que recojancenizas. Vamos a ver, cuando quememos unos cuantos campos, si van a seguirtirando glifosato”.

El presidente de la Sociedad Rural Argentina, DanielPelegrini, dijo que “los ataques a los silobolsas y a la propiedadprivada, los incendios de cosechas y rollos, los robos de hacienda e incluso elataque a personas nos tiene muy alarmados, porque es un fenómeno creciente entodo el país”. En los últimos meses “pasó de ser algo episódico a unapráctica cada vez mas frecuente. Es muy frustrante porque atenta contra eltrabajo de meses. La producción que se destruye, es el resultado del esfuerzo yla inversión de todo un año”, agregó Pelegrina. Señalo que “muchasveces los productores y las familias se endeudan para producir, y es con esosgranos almacenados en los silobolsas que se destruyen, con lo que cubren ysaldan esas deudas, y deben vivir y hacer frente a salarios, inversiones eimpuestos a lo largo de año hasta la próxima cosecha”.

A Pelegrina le llamó la atención “la saña y la impunidadcon la que ocurren estos ataques. Es inevitable pensar que no es solovandalismo sino que hay un componente ideológico de odio y resentimiento,alimentado por una visión prejuiciosa del productor agropecuario. No vemos unacondena explícita y firme de este tipo de ataques, que son necesarias además demayor patrullaje rural”. “Desde la Comisión de Enlace de EntidadesAgropecuarias hemos pedido audiencia con la Ministro de Seguridad y con elMinistro del Interior para abordar éstos temas y evitar que la ausencia de laautoridad, lleve a los productores a llenar ese vacío con acciones propias,pero no hemos tenido resultado aún”, agregó Pelegrina.

De todos los hechos enunciados en este artículo, ni laJusticia, ni las policías provinciales, encontraron a un solo culpable.

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