21 feb 2026
CLARíN

La pandemia y el pandemónium (recortes de gasto público en Entre Ríos)

La pandemia y el pandemónium (recortes de gasto público en Entre Ríos)

La Argentina de las últimas décadas se parece en mucho a unpandemónium, nombre que le diera John Milton, a la capital del Infierno en suobra “El paraíso perdido” de 1667. A nuestro pandemónium no lo construyerondemonios, sino nuestra inveterada clase dirigente que supo llevarnos -gestióntras gestión, mandato tras mandato- a niveles impensados de pobreza, deendeudamiento, de hiperinflación, de decadencia y atraso, de deterioro social einstitucional, Si algo nos faltaba, era sumarle una pandemia al pandemónium,añadiendo a los males adquiridos, información insuficiente, concentración depoder y restricciones al estado de derecho.

La pandemia nos arrojó al confinamiento obligatorio, y a unasituación de emergencia total. Sin Congreso operativo, sin Poder Judicialplenamente activo, en un país que padece de híperpresidencialismo y se gobiernaahora, casi exclusivamente, con decretos de necesidad y urgencia, resolucionesy disposiciones administrativas, hemos consentido -con llamativa naturalidad-que el Presidente de la Nación concentre aun más poder. Como todo desequilibriotrae en si mismo consecuencias, la Argentina del congelamiento institucionalnos expone a nuevos peligros.

En medio de la pandemia se carece de información completa,oportuna y veraz. La información diaria que suministran las autoridades esparcial y no parece fiable, porque no se ha testeado masivamente a lapoblación. Nuestro país se ubica en el fondo de la tabla entre las naciones quehan realizado testeos intensivos en proporción a su población, ranking-cambiante como la pandemia- que lideran Islandia, Emiratos Árabes Unidos yBahrein, e incluye en lugares destacados a Suiza, Noruega, Alemania, Australia,Hong Kong, Corea del Sur, Israel y -lógicamente- a algunos de los países másexpuestos como Italia y España.

El presidente Alberto Fernández, ha sugerido que estamos enuna guerra y que existe un enemigo invisible al cual combatir. Pero las guerrastambién imponen sacrificios. De la población que tiene que modificar hábitos,resignar ingresos, y mantenerse aislada, y del sector privado que debe sostenerestructuras comerciales sin obtener entradas regulares por tratarse, en sumayoría, de actividades consideradas no esenciales. ¿Pero qué hay del esperableesfuerzo del sector publico? México, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Costa Rica-entre otros-, dispusieron congelamientos o quitas a los salarios más altos dela dirigencia o la administración pública, demostrando que la decisión nodistingue dimensiones o ideologías.

Muchas provincias -e incluso municipios- han decidido llevaradelante recortes de ingresos al personal del sector público, para serdestinados a sostener el combate contra la enfermedad: Córdoba, Misiones, SanJuan, Salta, Mendoza, La Rioja, Tucumán, Salta, Santa Fe, Jujuy y Entre Ríos,han implementado algún tipo de mecanismo a través de decisiones administrativaso personales.

En algunos casos, las medidas han quedado reducidas a unmero -aunque no menos valioso- gesto de ejemplaridad, como ocurre con algunosdiputados, senadores, y los jueces de la Corte Suprema de Justicia de laNación, sin que alcance para conformar un compromiso generalizado. En talsentido, existe una propuesta de senadores de la oposición, presentada bajo eltitulo de “esfuerzo colectivo integral”, que propicia un recorte porcentual ytemporal en los sueldos jerárquicos de los poderes Ejecutivo, Legislativo yJudicial, a fin de crear un fondo nacional para la gestión de la pandemia.

El presidente Alberto Fernández ha manifestado su abiertaoposición a la idea y hasta el gobernador de la Provincia de Buenos Aires ladesacreditó con fundamento en los altos niveles de aprobación ciudadanía quetendría el gobierno por el manejo de la situación. Mientras desde el poder sediscute un impuesto extraordinario a las “grandes fortunas”, las expresionesdel senador Nacional Carlos Caserio -con motivo del debate de la Ley deSolidaridad Social- acerca de que “la clase política no es la que haceesfuerzos” recobran vigor y actualidad.

La pandemia agravará la situación del pandemónium anteriorpero no será su razón, aunque sirva de justificación para quienes gobiernan.Pero el mayor riesgo estará en la fatiga democrática, en la tentación de echarmano a ciertas formas de autoritarismo, y a que determinados rasgos de laexcepcionalidad se enquisten en la vida cotidiana.

La fascinación de ejercer un control sobre la sociedad,aprovechando la pandemia y la eventual extensión de la emergencia, podríaprovocar injustificados avances sobre las libertades individuales, en ungobierno que ha preferido testear el pensamiento de las personas y no el virusen ellas.

El ciber patrullaje de las redes sociales (de Bullrich oFrederic) insuficientemente regulado, podría llevar a restricciones a lalibertad de expresión, al uso inadecuado de datos personales, y a laposibilidad de “generar” casos para aleccionar a la ciudadanía. En unasituación de emergencia, las medidas adoptadas deber ser necesarias,proporcionales y limitadas en el tiempo. Intervencionismo acotado,transparencia en las contrataciones, amplios y estrictos controles, adecuadascompetencias, y plena vigencia de las garantías constitucionales, resultancruciales en estas horas en que la calidad institucional importa y mucho.

La situación de anormalidad entraña también un riesgo. Lassociedades en emergencia suelen ser manipulables y vulnerables. El coronavirusno sólo pondrá en jaque la salud de la ciudadanía, sino -y mas grave- la saludde la democracia y de nuestra república. Salir del pandemónium, oprofundizarlo, dependerá de nosotros.

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