Al abordar el proceso de venta, Taddeo escogió utilizar el término capitalización, atento a que -recordó- quien se quede con el control del banco ingresa a la entidad el capital que ofrece. Confió que el peor de los escenarios que se imagina representa una inyección de 180 millones de pesos, dado que es necesario destinar 140 millones de pesos a cumplir con amparos y ajustes por devaluación de la moneda nacional. De todos modos arriesgó que hasta 2005 no habrá novedades en torno del asunto y reiteró un anticipo de UNO: el primer banco en manos del Nación que se vende es el Suquía (el principal interesado es Bansud); luego sigue Bisel y para lo último quedará el Bersa. Destacó la complejidad de la gestión para obtener interesados y recordó que son potenciales inversores los bancos de Santa Fe y el Hipotecario. Incluso dejó abierta la posibilidad de que el gobierno provincial pueda sumarse a la institución financiera como accionista. Especificó que “yo no sé si en Buenos Aires quieren o no que el gobierno entre al banco, todo depende de quién hable en nombre del Ministerio de Economía”. Lamentó que el Deustche Bank se haya retirado de la nómina de interesados.
En el marco de la conferencia de prensa que miembros del directorio del Bersa ofrecieron ayer, Taddeo puso énfasis al informar que su misión es encuadrar la entidad de cara a la capitalización. Al relatar éxitos, citó que mientras la media nacional de liquidez ronda alrededor de 35{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} de los depósitos, el Bersa cuenta con 55{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647}. Al opinar sobre la planta de personal, dijo que su meta es reducir en 200 empleos los puestos de trabajo del banco. La estrategia que gestionará es conocida: prevé impulsar retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas, una iniciativa que navega desde hace dos años en el terreno de las negociaciones.
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