Hace mucho que no escribo sobre política y no quisiera
cortar esta sequía para ensayar una apología del gobierno que orgullosamente
integro. No es el estilo del gobernador y tampoco el mío.
Una apología es, según el diccionario de la Real Academia
“Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o
algo”. En rigor, no siento que nos tengamos que defender. Ese juicio de valor,
corresponde pura y exclusivamente a la ciudadanía, que con su voto puede
premiar o castigar. Asimismo, desde un aspecto estrictamente formal,
corresponde también al Tribunal de Cuentas y la Contaduría, que por manda
constitucional, tienen sobre sus espaldas el control ex post y ex ante de una
gestión, respectivamente. En todo caso también al Poder Legislativo, en el que
recae la producción normativa y también la responsabilidad no menor de ejercer
un contrapeso ante las prerrogativas del Poder Ejecutivo. Pero no quiero hablar
de eso sino hablar de mi provincia.
Después de cuarenta y dos días hábiles de gobierno, en un
contexto social y económico crítico y de incertidumbre generalizada, Entre Ríos
cuenta con paz social y con un clima de franca gobernabilidad. En este sentido,
la responsabilidad y quizás la obligación (en virtud del contexto señalado),
recae principalmente en nosotros como gobierno, pero también involucra y apela
a todas las fuerzas vivas que componen el tejido de una sociedad o de una
comunidad, en el mejor de los casos.
A veces la vida, las grandes gestas o sueños, se tratan de
no sentirnos solos. Y en lo que a mí respecta, no me siento solo. Por el
contrario, siento que cada actor social, cada fuerza viva que compone “la
Entrerrianidad” está obrando de buena fe, con desinterés sectorial y con
generosidad: la ciudadanía, las fuerzas políticas, oficialismo y oposición,
sindicatos, cámaras empresarias, cuerpos intermedios y los tres poderes del
Estado están actuando bajo la consigna de poner primero a la provincia, de
poner primero a la Patria. En tiempos de zozobra esto es un bálsamo y en todo
caso, en un país tan fragmentado, una obligación. Nadie se salva sólo, nos
salvamos en racimo y es ahí cuando el lema sanmartiniano se resignifica, al
punto de repetirlo como mantra: “a la Argentina la salvamos entre todos o no la
salva nadie”.
(*) Ministro de Gobierno y Trabajo de Entre Ríos
Comentarios
0 comentariosSé el primero en comentar esta nota.