La ciudad industrial y portuaria de Hiroshima en Japón era sacudida hace 60 años por la primera bomba atómica de la historia. Esta junto a otra que explotó tres días después en Nagasaki, marcó el final de la Segunda Guerra Mundial, causando el mayor dispositivo de muerte para cientos de miles de personas.
Aquel lunes 6 de agosto de 1945, la bomba estalló en un brillante destello, seguido de una bola de fuego tan intensa que redujo a cenizas a miles de personas cerca del centro de Hiroshima, convirtiéndose en una especie de horno y produjo quemaduras a otras situadas en un radio de hasta 4 Km. de distancia, donde una enorme nube roja en forma de hongo, comenzaba a surgir desde el lugar de la explosión nuclear, había destruido todo signo de vida.
El piloto Paul Tibbets, a bordo del avión Enola Gay, fue el encargado de transportar la bomba atómica y lanzarla sobre Hiroshima, 600 metros por encima del centro de la ciudad sembrando la muerte y la destrucción , escribió sobre aquel día: “Una luz brillante llenó el avión. La ciudad había sido ocultada por aquella nube horrible…Hervía por encima, se multiplicaba. Por un momento, nadie habló. De pronto todos hablaron al mismo tiempo. ¡Mire eso¡ ¡Mire eso¡ gritó el copiloto, Robert Lewis, golpeando sobre mi hombro.¿ Dios mío, que hemos hecho?”.
La radiación causó problemas a corto y largo plazo a los afectados, muchas personas murieron dentro de los primeros meses y muchas más en los años siguientes, algunos tuvieron problemas genéticos que a veces causaban nacimientos de bebés mal formados o esterilidad.
Se cree que más de 140 mil personas murieron hacia finales de 1945 y el número total de muertos debido a la bomba se estima en 250.000 personas.
Tenemos que hablar con los jóvenes sobre la utilización de las armas nucleares, debemos unirnos y nunca abandonar nuestro deseo de un mundo en paz, para que las futura generaciones entiendan lo miserable que es una guerra, transmitiendo la historia del bombardeo atómico, que este hecho no pertenece al pasado, continúa vigente, que podría llevar al exterminio de la humanidad, si no se aprende de los errores del pasado.
Como dijera Miyoko Watanabe, sobreviviente de Hiroshima: “Quiero que todos recuerden que la paz que hoy tenemos se ha logrado a través del sacrificio de esas personas que fueron muertas sin recibir una gota de agua para apagar sus sed. Para que la paz sea duradera, quiero llevar el corazón de Hiroshima, esperando que sea como ondas pequeñas que crecen en olas grandes y en un mar de fondo”.
Aquel lunes 6 de agosto de 1945, la bomba estalló en un brillante destello, seguido de una bola de fuego tan intensa que redujo a cenizas a miles de personas cerca del centro de Hiroshima, convirtiéndose en una especie de horno y produjo quemaduras a otras situadas en un radio de hasta 4 Km. de distancia, donde una enorme nube roja en forma de hongo, comenzaba a surgir desde el lugar de la explosión nuclear, había destruido todo signo de vida.
El piloto Paul Tibbets, a bordo del avión Enola Gay, fue el encargado de transportar la bomba atómica y lanzarla sobre Hiroshima, 600 metros por encima del centro de la ciudad sembrando la muerte y la destrucción , escribió sobre aquel día: “Una luz brillante llenó el avión. La ciudad había sido ocultada por aquella nube horrible…Hervía por encima, se multiplicaba. Por un momento, nadie habló. De pronto todos hablaron al mismo tiempo. ¡Mire eso¡ ¡Mire eso¡ gritó el copiloto, Robert Lewis, golpeando sobre mi hombro.¿ Dios mío, que hemos hecho?”.
La radiación causó problemas a corto y largo plazo a los afectados, muchas personas murieron dentro de los primeros meses y muchas más en los años siguientes, algunos tuvieron problemas genéticos que a veces causaban nacimientos de bebés mal formados o esterilidad.
Se cree que más de 140 mil personas murieron hacia finales de 1945 y el número total de muertos debido a la bomba se estima en 250.000 personas.
Tenemos que hablar con los jóvenes sobre la utilización de las armas nucleares, debemos unirnos y nunca abandonar nuestro deseo de un mundo en paz, para que las futura generaciones entiendan lo miserable que es una guerra, transmitiendo la historia del bombardeo atómico, que este hecho no pertenece al pasado, continúa vigente, que podría llevar al exterminio de la humanidad, si no se aprende de los errores del pasado.
Como dijera Miyoko Watanabe, sobreviviente de Hiroshima: “Quiero que todos recuerden que la paz que hoy tenemos se ha logrado a través del sacrificio de esas personas que fueron muertas sin recibir una gota de agua para apagar sus sed. Para que la paz sea duradera, quiero llevar el corazón de Hiroshima, esperando que sea como ondas pequeñas que crecen en olas grandes y en un mar de fondo”.
Comentarios
0 comentariosSé el primero en comentar esta nota.